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La fiesta de María Auxiliadora en
Empalme Escobedo
David Manuel Carracedo Navarro, Cronista de la Ciudad
La fiesta de María Auxiliadora fue establecida por el Papa san Pío V para agradecer y conmemorar
la milagrosa victoria de la flota cristiana en la batalla naval de Lepanto, en 1571. En esta fiesta de
María Auxiliadora se conmemora la intercesión protectora de la Madre de Dios en las batallas que el
pueblo cristiano ha tenido que sostener contra sus enemigos en el curso de los siglos [1]. Es poco
probable que este origen haya tenido algo que ver en el hecho de que la parroquia de Empalme
Escobedo esté dedicada a esta advocación de la Virgen María. Sin embargo, esta advocación, y la
imagen que la representa y se venera en el Templo Parroquial, son consonantes con la esencia de esta
población.
Empalme Escobedo fue fundado, a partir del
empalme ferrocarrilero, a principios del siglo XX [2].
La fiesta patronal del pueblo está ligada también
a la construcción del templo, misma que se inició en
1946. Años antes la actual imagen de María
Auxiliadora había sido donada por un benefactor de
la comunidad de Palmillas y resguardada en la capilla
de Soria, en tanto se definía la ubicación del templo.
De Soria la imagen fue llevada a una capilla en el
Colegio Cristóbal Colón y después a su actual
ubicación, cuando se inicia la construcción del actual Los ferrocarrileros llevando a María Auxiliadora.
templo parroquial, ya que la donación fue exprofeso Foto: David Manuel Carracedo Navarro
para este fin.
En esas fechas no existía aún la diócesis de Celaya, por lo que la parroquia de Empalme Escobedo
pertenecía a la arquidiócesis de Morelia. En una primera etapa se levantaron los muros perimetrales
del templo. El padre José Villagómez fue el primer sacerdote en Empalme Escobedo y quien llevó a
cabo dicha construcción inicial. En ese espacio sin techumbre se oficiaba misa, hubo un momento en
que el coro fue construido y, en el espacio techado que se lograba, se colocó la imagen de la Virgen,
es decir que, por un tiempo el templo funcionó en sentido inverso a su actual instalación. Cuando la
parroquia estuvo a cargo del padre Nicolás García se colocó la techumbre de todo el templo. Unos
años más tarde se construyó la torre. Se cuenta que en esos años la gente se iba al cerro y traía piedras,
adultos y niños acudían a las riberas del Laja y acarreaban arena, era un trabajo de participación
colectiva. Además, en uno de los barrios una actividad recurrente era la fabricación de cal a la manera
tradicional, se le conocía como el barrio calero; ellos aportaron la cal necesaria para la construcción
de la torre; se utilizó solamente cal, no era común el uso del cemento para los morteros. Los tabiques
de los muros también provinieron de donaciones en especie que hacían los feligreses. No solamente
el techo data de esta época, el retablo con placas de ónix y el piso de mármol son contemporáneos a
la techumbre. Destaca que, en su afán de terminar la construcción, el padre Nicolás García estuvo
endeudado con algunos proveedores, al grado que llegó a evadirlos en algunas ocasiones; a final de
cuentas liquidó todos los adeudos. El ónix vino de Puebla y el mármol de la zona de Vizarrón en
Querétaro.
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