Page 17 - Boletín N. 4
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toros, sobre todo para las carnestolendas (el carnaval). Por ejemplo en 1683 los naturales de la
hacienda de Morales solicitaban que se les permitiera lidiar toros durante los primeros días del
carnaval y que por esta actividad las autoridades locales no les cobraran algún tipo de impuesto. El
permiso lo obtuvieron con la indicación de que se evitaran borracheras u otro tipo de desmanes,
además de que también les autorizaban que después de lidiar los toros y matarlos se podían repartir
la carne entre ellos [1].

   Es probable que así como en Morales se realizaban corridas también en otras comunidades
sucediera lo mismo, sin embargo hasta el momento no se ha encontrado información al respecto. Por
otro lado hay que hacer mención de que en esta época la mayoría de los cosos o plazas de toros eran
improvisadas; la mayoría de las veces se construía un ruedo delimitado con vigas y tablas, inclusive
a finales del siglo XVIII cuando se comenzaron a construir cosos fijos, éstos también eran de madera,
aunque sufrían daños debido a incendios o trifulcas, o por las condiciones del tiempo [2]. Se sabe
también que por lo menos hacia finales de la época colonial y durante el siglo XIX un buen número
de haciendas contaba con ruedos o corrales destinados específicamente para lidiar toros [3].

                                                                     Ya en los primeros años de vida
                                                                 independiente de México la afición por los
                                                                 toros se mantuvo y aunque algunas veces fue
                                                                 prohibida principalmente por los gobiernos
                                                                 liberales porque lo consideraban “un
                                                                 espectáculo sangriento perjudicial a la moral
                                                                 pública y ofensivo a las buenas costumbres”
                                                                 [4], estas restricciones poco afectaron el ánimo
                                                                 taurino de los mexicanos y los encierros
                                                                 taurinos se siguieron realizando.
Grabado del siglo XIX que se encuentra en la obra, Manual para En nuestro pueblo se lidiaban toros
asistir a las corridas de toros, Litografía e Imprenta de M. principalmente para el tiempo de carnaval, y al
Esquivel y Compañía, San Luis Potosí, 1887. Tomado de: igual que en otros lugares la fiesta terminaba

https://ahtm.wordpress.com/2012/07/page/2/

                                                                 en descontrol por lo que las autoridades locales
tenían que solicitar el apoyo de la población, como sucedió en enero 1838 cuando el Ayuntamiento
pidió a los dueños y administradores de las haciendas del Picacho, el Potrero y Rincón del Purgatorio
que enviaran a algunas personas para que rondaran el pueblo por la noche “para que de este modo no
se altere la tranquilidad publica [sic]” [5]; pero la vigilancia también la pedían a los vecinos del pueblo
para de ese modo

         evitar los ecsesos [sic] que puedan ocasionarse en las noches de los días de la procsima [sic]
         corrida de toros, por la diversa clase de forasteros que acaso perturbaran el orden publico [sic]
         […] se sirvan poner en las ocho noches que comprende la función, sus respectivos
         alumbrados, los que después de hermosear al pueblo impondran [sic] respeto a los que
         intenten cometer algun [sic] atentado que cause notorios males a este vecindario…[6]

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