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Historia y leyenda del presbítero Apolonio Valle
María Yunuen Camacho Valle
La leyenda es un relato que vincula sucesos tradicionales
o maravillosos con acontecimientos reales e históricos.
En Comonfort se conoce una leyenda que narra la
historia de un presbítero llamado Apolonio Valle,
originario de un lugar llamado la haciendita en la
comunidad de Orduña, cuyo nombre se inmortalizó en el
tiempo al morir de una manera poco usual y cuyo hecho
se trasformó en una de las leyendas más interesantes del
siglo XX de nuestro pueblo.
Según narraba doña Rosa Valle, sobrina nieta del
sacerdote:
Fue hace tiempo, cuando a mediados de la noche
un grupo de serenos anunciaba la hora entre Presbítero Apolonio Valle
las calles del centro, de pronto notaron que
de la cárcel del pueblo salía una persona con una túnica que le cubría todo el cuerpo y éste se
dirigía a la parroquia, y al entrar al atrio desaparecía. Al día siguiente lo volvieron a ver a la
misma hora, pero al acercarse a él notaron que éste flotaba, pues su túnica en ningún momento
tocaba el suelo. Asustados los serenos, corrieron hacia la casa del presbítero Apolonio Valle,
quién vivía aquí en la calle de Guerrero. Pero al llegar al lugar el fantasma ya había
desaparecido. El presbítero les dijo a los serenos, que cuando vieran que el fantasma saliera
de la cárcel, le avisaran para poder encontrarlo antes de que llegará a la parroquia.
Al día siguiente, los serenos vieron salir al fantasma y rápido corrieron por el padre
Valle; al doblar la esquina hacia la parroquia, el presbítero logró alcanzar al fantasma y le
pregunto:
-En nombre de Dios te pido, si eres de este mundo o del otro.
Entonces el fantasma se detuvo y le contesto:
-Del otro…
-¿Qué quieres en este mundo?
-Yo fui sacerdote y morí sin perdón de Dios, por lo que vengo a la iglesia a confesarme para
poder irme en paz.
Entonces, el padre Valle sin dudar le respondió.
-Con gusto te confesaré para que puedas ir con Dios, pero dejarás que los serenos aquí
presentes pasen junto a nosotros a la casa del señor.
El fantasma asintió con la cabeza. El presbítero Valle abrió las puertas del templo,
entró el fantasma, luego el padre Valle y tras él las puertas se cerraron sin que los serenos
pudieran entrar.
Pasaron unas horas y de pronto las puertas del templo se abrieron. Únicamente salió
el padre Valle, con un aspecto pálido y cansado. Los serenos le preguntaron qué había pasado
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