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cuarta se quedaba uno con la moneda del otro, pero si no el otro se la embolsaba, también se jugaba
la cuarta, pero de retache contra la pared.
Sí llegué a tener algún carrito de madera, quien me iba a decir que me pasaría cincuenta y dos años
manejando un carrito. Pero ya de niño le entraba a la música, le dábamos a la música con los trastes
de la cocina. Tenía mi grupo con mi hermano Vicente, y le sonábamos como platillos con las tapas
de peltre de las ollas. Cuando hacía calor y no había creciente se metía uno al río a nadar, a mojarse
un rato, en la orillita o en los remansos que se hacían un agua clarita como de manantial” [4].
“Los niños jugaban a las canicas y a los trompos, las niñas a las muñecas, que eran de trapo y las de
cartón eran de Neutla. Las de trapo las hacia una señora que vivía a la subida del Calvario, se llamaba
Reyna. Les ponía sus cabellos con hilos de media y les hacía sus vestidos, quedaban muy bonitas.
Cuando en la fiesta de Neutla llegaba a llover, en julio, era un lloradero de las chiquillas, porque sus
muñecas se les despintaban, y de algún modo también lloraban. También en la fiesta de Neutla
vendían cascos (chacos) y espadas de cartón para los niños.
Había algo más especial: las muñecas de sololoy, no es plástico es un material que así se llamaba
y se hacían muñecos muy reales, parecían niños de verdad. Es un material duro y durable.
Los niños que tenían más centavos tenían patín del diablo, y ya mayorcitos patines, pero el patín
del diablo y los patines también los usábamos las niñas.
Jugábamos mucho a La Víbora Víbora de la mar, doña Blanca, a los
encantados: Que... ¡aquí estas encantado! y no se debía mover, se quedaba
fijo, eran muy divertidos aquellos juegos y cantábamos y corríamos. Yo
recuerdo que andábamos en el jardín, nos subíamos a las bancas,
brincábamos, corríamos, también íbamos a los columpios que estaban en
la escuela Taboada, en la antigua. Pero de mis amigas de aquí del centro
ya se han muerto catorce, me quedaba mi Amiga Lolita que vivía en
Estados Unidos y me visitaba, pero ya también falleció.
Jugábamos a la riata, se ponía una niña de cada lado y uno brincaba.
Podía pasar mucho tiempo ¿Cómo no nos cansábamos?” [5]
Como puede apreciarse en estos testimonios, las muñecas de cartón son
tradicionales no sólo en Neutla, sino desde Neutla, para las niñas del
municipio durante muchos años. Quizá ya no despierten en las niñas las
mismas ilusiones, pero siguen fabricándose y estando presentes. Un dato
que causa sorpresa es que en aquellos años ya s eusaran los patines, podría
creerse que son mucho más recientes. También puede parecerle a lectores
más jóvenes que los chamacuerenses que nos brindaron su testimonio,
jugaban a los mismos juegos que ellos; así es, con toda certeza, los juegos
enumerados no sólo se jugaron muchos años más, sino que algunos de
ellos se habrán jugado en este pueblo, varias décadas antes. Pero en este momento, los testimonios
nos dan certeza nada más de la década de los treintas y cuarentas, porque provienen de personas en
sus ochenta y tantos. Del mismo modo habrá muchos más juegos y juguetes que no jugaron o no
recordaron quienes brindaron estos testimonios, pero lo enumerado nos da un panorama bastante
interesante.
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