Page 14 - Boletín N.5
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Por ser Empalme un pueblo en proceso de formación, no tenía templo ni panteón, cuando alguien
moría lo llevaban cargando a Comonfort, y si el fallecido era ferrocarrilero o familiar de alguno,
entonces el ferrocarril les facilitaba un furgón con la máquina de patio para llevarlo a sepultar y era
grande el acompañamiento no tanto por el pesar del difunto, sino por pasearse gratis en el tren. Para
asistir a misa la gente acudía a Soria donde había un sacerdote capellán, más como no existía el puente
que une las dos poblaciones y si el río iba crecido tenían que cruzar por la vía en el puente de fierro
o bien pasando en la canoa de don Irineo que cobraba cinco centavos por persona. En el patio de la
estación había norias para surtir de agua a la población y al tren, y en una ocasión que limpiaron una
de ellas sacaron un esqueleto que perteneció a un soldado carrancista, pues también sacaron los restos
de su chaquetón con botones dorados que decían ``Ejército Constitucionalista´´, y hasta entonces se
dieron cuenta que estuvieron tomando agua con jugo de muerto.

El cambio de nombre del pueblo

Para cambiarle el nombre de Empalme de González por el de Empalme Escobedo, no hubo una
consulta o petición popular, y aunque se decía que fue decisión de los dirigentes del ferrocarril en
realidad fue orden directa del Presidente de la Republica Plutarco Elías Calles, pues como ya lo dije
líneas atrás, el Presidente en dos ocasiones estuvo en Comonfort, y al ir de regreso a México en el
tren, al pasar por Empalme y al ver el nombre de la Estación que decía “de González,” le ordenó a su
asistente que cuanto antes se le cambiara el nombre a la Estación por el de Empalme Escobedo, ya
que según dijo el Presidente, consideraba a Eusebio González un miserable explotador abusivo, y
por lo mismo indigno de que la Estación llevara su nombre.

  Entre la gente del pueblo que ignoraba quien había tomado esa decisión hubo infinidad de críticas
y comentarios y tildaban de malagradecidos a ferrocarriles ya que el señor González les había donado
el terreno, aunque para entonces, Eusebio ya había muerto dos años atrás y no tuvo la pena de ver
cómo le quitaban su nombre a la Estación.

   Según lo contaba Don Ismael Vásquez Rosales el cambio se realizó de este modo y en esta fecha:
el 24 de diciembre de 1926, a las diez de la noche llegó un tren especial del cual bajaron el
superintendente señor Basiliso Ortega, sus ayudantes y varios militares, además de un empleado del
servicio del tiempo, cuando faltaban diez minutos para las once se trasladaron a la oficina del telégrafo
y cuando el reloj regulador marcaba las once de la noche en punto, el empleado del servicio del tiempo
adelantó el reloj una hora, para quedar a las doce de la noche, y uno de los militares tomó la palabra
para decir que por orden del Presidente de la República, el General Plutarco Elías Calles, desde ese
momento y en lo sucesivo, esa sería la hora oficial que nos regiría; acabada la ceremonia se
trasladaron al pie del tablero que ostentaba el nombre de la Estación Empalme González, y el
superintendente después de dirigir algunas palabras ordenó a dos empleados que con ayuda de una
escalera bajaran el tablero y colocaran el que ya traían preparado y que hasta la fecha existe que dice
Empalme Escobedo. Y así de este modo, y sin ningún preámbulo, se le cambió el nombre al Empalme
y con él a la población, dando como resultado que el pueblo en la Noche Buena era González, y en la
Navidad amaneció con el nombre de Escobedo.

   Ahora veremos cómo nació la idea de que el pueblo tuviera su propio templo, pues ya dije líneas
atrás que la gente acudía a Comonfort y a Soria para arreglar sus asuntos eclesiásticos y aunque en
ese tiempo el pueblo estaba en formación, con tan sólo 22 años de existencia ya tenía un regular
número de habitantes pues aparte de los que trabajaban en el ferrocarril y que tenían su familia

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