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principal responsable del delito, lo encarcelaron, y se imaginaba que no iba a ser fácil salir en libertad,
dada la gravedad de las acusaciones, y a la vez preocupado por no poder seguir ejerciendo su
Ministerio Sacerdotal [1].
Aquí es donde el Padre Carlos cuenta cómo el Señor de la Salud le hizo un milagro, a pesar de
que nunca había oído hablar de Él, ni lo conocía, y decía que estando despierto en su celda, en la
madrugada del 25 de febrero de 1794, vio pasar frente a su reja un hombre de cuerpo celeste de gran
luminosidad, que le habló por su nombre diciéndole:
“Carlos, pronto saldrás en libertad y siendo así me
edificaras un templo en un lugar de la provincia que yo
mismo te asignare y que se utilizara como centro de
adoración donde las gentes obtendrán un privilegio, y le
llamaras La Salud, porque así es mi nombre”[2]. En
seguida desapareció, pero el padre Carlos siguió viendo
en el mismo lugar el rostro del Santo Cristo que después
de unos instantes también desapareció. Sugestionado con
lo que había visto y oído, de inmediato se propuso que
en cuanto pudiera mandaría construir un Cristo tal como
lo había contemplado. Cuando amaneció sacaron al
padre para hacerle algunas preguntas y aclaraciones,
diciéndole el jefe del juzgado que desde ese momento
quedaba en libertad con la advertencia que tenía que
dejar el templo de San Idelfonso para que lo tomaran
otros curas y que se retirara de la ciudad de México para
Interior del templo del Señor de la Salud siempre. Al salir de prisión se encontró nuevamente al
señor Cadena, lamentándose mutuamente de sus desgracias, pues los dos se encontraban en la misma
situación, fracasados, sin saber qué hacer ni a donde ir. Pero cavilando, el Señor Cadena recordó que
37 años atrás y como militar que era, había venido a Chamacuero resguardando a unos españoles que
venían a edificar la hacienda conocida como del Potrero y fue donde el Señor Cadena conoció el
territorio del Rincón del Purgatorio. Allí los españoles le ofrecían trabajo aunque tuvo que regresar a
México a reportarse con sus superiores, pero ahora al encontrarse los dos desterrados a causa de sus
accidentes, decidieron venir a trabajar con los hacendados del Potrero. Después de algún tiempo,
salieron de la Ciudad de México, el padre Carlos y Don Luis Octavio Cadena con su esposa, trayendo
con ellos el Santo Cristo que mandaron hacer con un buen escultor. Ocho días después llegaron con
los patrones de la Hacienda que era Don Julio Urieta y su esposa, luego de platicarles sus fracasos los
patrones se condolieron y les ofrecieron ayuda; casi en seguida fueron a conocer el terreno escogido
que tomaron como su propiedad por instrucciones de los hacendados, de que lo emplearan para
cumplir la promesa de fincar el templo, y para que lo cultivaran [3]. De inmediato empezaron a hacer
el plano y salieron a los lugares cercanos a buscar hombres y mujeres que habitaban en los montes
por temor de los españoles, pero convencieron a la gente ofreciéndoles protección y comida a cuenta
de su trabajo y de este modo en menos de tres años terminaron el templo donde después colocaron al
Santo Cristo que llevó por nombre EL SEÑOR DE LA SALUD, que se encuentra impartiendo
milagros y bendiciones en el Rancho del Rincón del Purgatorio desde el año de 1797.
Aunque hay que hacer una aclaración muy importante, respecto a estos dos personajes que trajeron
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