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Chamacuero en la época prehispánica
David Manuel Carracedo, Cronista de la ciudad
Por alguna razón, se tiene la idea de que la historia de estas regiones se inicia con la llegada de los
colonizadores españoles, como si antes de redactar la cédula de fundación todo hubiera sido flora y
fauna, acrecentada por la presencia de grupos indígenas de pocos individuos y escasísimo desarrollo
cultural.
Nada más falso, la presencia de grupos humanos, de notable evolución cultural, es tan antigua en
este sitio como en la mayor parte de la región conocida como Mesoamérica.
Se considera que esta región, del 7,000 a.c. al 2,500 a.c. estuvo habitada por “grupos que recorrían
los lugares de acuerdo a los recursos que, cíclicamente, podían obtener de ellos de acuerdo a la época
del año”[1].
Estos grupos fueron cediendo su lugar a poblaciones agrícolas y sedentarias a partir del 2,500 a.c.
que fueron la base de las culturas prehispánicas que florecieron en toda la región [2].
El aspecto físico de nuestro municipio era muy diferente al que hoy conocemos, había una
humedad mucho mayor en contraste con el paisaje que va de la aridez a las lluvias estacionales de
nuestros días [3]. En la época prehispánica las zonas altas estaban cubiertas de robles y no había
pinos, en los terrenos planos y las laderas bajas había bosque de mezquite extradesierto [4]. El entorno
se caracterizaba por la presencia de pequeños lagos y abundantes ciénagas, ello propició una gran
diversidad de especies animales y vegetales, lo que redundó en condiciones óptimas para el
poblamiento y el desarrollo social.
La agricultura de humedal debió ser la fuente principal de alimentos [5]. Los cuerpos de agua –
ciénagas, lagos, arroyos y ríos— contribuían como fuente de alimento por la abundancia de peces y
aves; estos cuerpos también proveían de fibras utilizadas –aún hoy— en la cestería.
Durante muchos años el referente obligado del pasado prehispánico en esta región fue la cultura
Chupícuaro. Desde las primeras investigaciones el material cerámico de esta cultura ha sido
comparado con la cerámica de muchas otras zonas de Mesoamérica, encontrándose similitudes con
al menos una cuarentena de sitios [6].
En nuestro municipio existen tres zonas arqueológicas denunciadas ante el INAH y una enorme
cantidad de vestigios que, en honor a la verdad, más conviene que permanezcan ocultos y
desconocidos.
Las tres zonas a que hago referencia son Madre Vieja, que tiene un lamentable estado de
destrucción, Los Remedios y Morales, esta última considerada por algunos autores como una
ocupación tan significativa como Chupícuaro [7].
En esta última, Beatriz Braniff realizó excavaciones en 1965, concluye, entre otras cosas, que la
zona arqueológica de Morales estuvo poblada desde el año 300 a.c. según los vestigios arqueológicos
más antiguos del lugar [8].
Para mí es sumamente significativo constatar que nuestra región fue poblada y tuvo un desarrollo
cultural importante desde el preclásico pues ello no sólo desmiente, de manera abrumadora, la idea
de que la historia de nuestro municipio comenzó con la llegada de los españoles sino también la idea
de que sus vestigios son recientes y provienen de pueblos escasamente civilizados.
Braniff denomina “Fase Morales” a la etapa más antigua estudiada en la zona del mismo nombre
y concluye que existen muchas similitudes con la cultura Chupícuaro, como las formas de diferentes
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