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IV, es decir:
Una plataforma con patio hundido y un montículo
Una plataforma con patio hundido y
Una plataforma con un patio hundido y dos montículos [16].
Al momento que esto escribimos, ambos sitios esperan una investigación profunda, una excavación
formal y, en su caso, hasta una restauración con fines de explotación turística.
Existen en nuestro municipio al menos dos lugares con pinturas rupestres, esta es una
manifestación común entre las sociedades del Bajío en el clásico.
En el universo del México prehispánico hay un fenómeno común en todas las culturas y es el ocaso
del mundo clásico, después de un florecimiento cultural y un periodo de gran expansión, sobrevino
el declive y, en muchos casos la extinción de las culturas. Se habla de sequías, de cambios climáticos,
epidemias, guerras y de todo junto. Lo cierto es que lo único incuestionable es el proceso de abandono
y despoblamiento y si bien este proceso es muy notorio, no ocurrió de un día para otro ni de un año
al siguiente. Se considera que los sitios de El Bajío experimentaron un despoblamiento hacia el siglo
X [17].
Después de mediados del siglo XII, los sitios del Bajío Oriental fueron abandonados, esta
subregión quedó en manos de grupos nómadas y seminómadas. Esta situación perduró hasta la llegada
de los invasores europeos [18].
Las sociedades del periodo clásico del Bajío, a lo largo de cientos de años de coexistencia con los
grupos nómadas y seminómadas, compartieron elementos que pasaron a integrarse a su bagaje
cultural [19]. Estas sociedades pertenecieron plenamente al complejo mesoamericano pero, en su
calidad de sociedades en contacto permanente con los grupos recolectores y cazadores, incorporaron
diversos elementos de éstos, sin perder por ello las características que los definieron como parte del
complejo mesoamericano [20].
Los purépechas iniciaron avanzadas (1350-1500 d.c.) y luego conquistas al norte del río Lerma
que, arqueológicamente, se han reconocido gracias a la cerámica y arquitectura. La información
etnohistórica reconoce como purépechas los sitios de Cuitzeo, Maravatío, Acámbaro, Yuriria,
Puruándiro, León, Silao, Guanajuato, Xichú, Pénjamo y Apaseo [21].
Adicional a esto, la toponimia del estado de Guanajuato está ligada a la lengua purépecha más que
a ninguna otra. Esto habla de la importancia de esta cultura en nuestro estado. Paradójicamente, el
documento más importante de la historia purépecha, la Relación de Michoacán, parece circunscrito a
dicho estado y poco aporta hacia los estados vecinos. Hacia finales del siglo XIV el cacique purépecha
Tzi-Tzic-Pandácuare, trata de extender su territorio saliendo de la región lacustre de Michoacán. En
su recorrido sigue el curso del río Lerma y dobla hacia el norte siguiendo ahora por el río Laja, donde
encuentra pueblos de naturaleza oto-pame, amables y dispuestos a colaborar. En este recorrido llega
a una zona montañosa que encañona al río y lo vuelve tumultuoso aguas abajo.
Ese hecho lo hace que declarar este punto como un buen lugar de protección de su imperio. Ahí el
monarca ve las ruinas de una ciudad monumental que ha entrado en decadencia. Entonces funda en
este sitio una ciudad frontera llamada Chamácuaro que significa “el lugar donde se derrumbó”. Esto
ocurre en el año de 1390[22].
En el momento en que esto escribimos, el doctor Groenewold realiza investigaciones acerca de la
etimología de la palabra Chamacuero y sus investigaciones lo llevan a un significado más hermoso y
verosímil que el hasta ahora aceptado.
Esta región, y particularmente el área de nuestro municipio, fue escenario de múltiples poblamientos
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